Infecciones vaginales: Diferencias entre Vaginosis y Vaginitis

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Agencia Latina de Noticias Medicina y Salud Pública | Ginecología y Obstetricia

Las infecciones vaginales son uno de los motivos de consulta más frecuentes en Ginecología. Afectan la calidad de vida al causar incomodidad, ansiedad, disfunción sexual y a largo plazo, sin un tratamiento adecuado, pueden tener consecuencias sobre la salud reproductiva ya que se han visto asociadas a resultados adversos en el embarazo, enfermedad pélvica inflamatoria (PID), mayor riesgo de sufrir de infecciones de transmisión sexual (STI), entre otras.

El pH vaginal se caracteriza por ser ácido gracias a la presencia de unas bacterias llamadas Lactobacilos que hacen parte de la flora vaginal normal. En este ambiente ácido, el crecimiento bacteriano anormal es limitado. Sin embargo, puede haber fluctuaciones de la flora vaginal normal, influenciada por el uso de antibióticos, la actividad sexual, el ciclo menstrual, entre otros factores.

Cuando estas fluctuaciones suceden, dan lugar a que otros microorganismos que sí son dañinos proliferen causando infecciones vaginales como la Vaginosis bacteriana o la Vulvovaginitis candidiásica, que comúnmente suelen confundirse. En primer lugar, el microorganismo causante es distinto. La Vaginosis bacteriana es causada por bacterias, principalmente, Gardnerella vaginalis; y la Vulvovaginitis candidiásica es una entidad causada por un hongo llamado Cándida.

La Vaginosis bacteriana se caracteriza por un flujo vaginal acuoso, abundante, verde, amarrillo o gris, con un fuerte olor a pescado, que causa molestia vulvovaginal, aunque no presenta una inflamación vaginal significativa. Por otro lado, la Vulvovaginitis candidiásica se presenta con un flujo vaginal abundante, cremoso, blanquecino, normalmente sin olor, pero su característica principal es que es causante de hinchazón, enrojecimiento y picazón en la zona vulvovaginal.

Por lo anterior, el tratamiento para cada una de estas infecciones, es distinto. En el primer caso, se recetan antibióticos y en el segundo caso, antimicóticos, ya sea en forma de óvulos o en pastillas. Según la gravedad del caso, la duración del tratamiento puede variar, aunque usualmente en los casos leves se recomienda 1 semana. No obstante, ambas entidades pueden presentarse al tiempo, por lo que siempre se debe consultar a un profesional de la salud que realice un examen ginecológico completo y pruebas diagnósticas adicionales en caso de requerirlo.

Por: Dra. Karen G. Martínez.

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